Héroes. Es difícil construir un héroe. Un buen héroe, de esos que no dan vergüenza ajena. De esos que pueden estar atravesando un volcán a punto de entrar en erupción sobre un puente de madera y, aún así, podemos empatizar con ellos. Porque no se trata de la aventura. La aventura no tiene valor, es el corazón del héroe.
¿Quién no ha amado a un héroe alguna vez? En el silencio irreal de los amores de ficción, pero amor al fin y al cabo. Un amor intangible, irrealizable, de mentira, pero no por ello menos real. Amamos amar de mentira, porque gran parte de amar es soñar. Soñar cosas que son mentira.
Pero los héroes son de verdad. Los héroes existen, no sólo en nuestra imaginación. Es fácil distinguir a un héroe de alguien que no lo es. Tienen algo, un halo invisible pero que aún así podemos percibir cuando estamos a su lado. Es esa persona sencilla, valiente, honesta y honrada. Es ese paria social que, sin embargo, es hechizante, carismático. Nunca reconoceremos nuestra atracción por el héroe mientras que no demuestre, con hechos, su verdadera naturaleza. Hasta entonces evitaremos su presencia, porque el héroe es hornado y valiente, es sincero y humilde, es franco y con una sonrisa que le nace del corazón.
Pero los héroes rara vez tienen más de tres amigos. Porque donde el héroe se revela es en la batalla, consigo mismo y contra las circunstancias. La batalla solitaria, donde los amigos juegan un papel secundario, deben jugar un papel secundario, para que el héroe se reconozca ante sí mismo y pueda mostrarse al mundo.
Ahí culmina su evolución, su camino. Otras aventuras vendrán para el héroe, pero las afrontará desde su nueva posición. Ya no se batirá en duelo con las sombras desde la oscuridad, ahora sabe que tiene al valor como escudo y la invencible luz del destino brillando sobre su cabeza. Es en aquella primera aventura solitaria, cuando la gran masa gris despreciaba el potencial de aquel ser minúsculo, donde podemos encontrar el verdadero significado del Héroe. Lo demás, lo demás es historia minúscula. Anecdotario.
Hoy pienso en héroes pensando en Emma. Un personaje minúsculo, en el aún más minúsculo mundo de mi literatura. Emma es una paria social, destinada por su propia naturaleza de marginada a ser una heroína, una chica sencilla, valiente y sincera. Pero Emma no será de aquellos héroes que se lanzan a su destino. No, Emma renegará de él. Intentará evitarlo. Y Emma será orgullosa y altiva, un orgullo que nace de la humillación constante, silenciosa y prolongada. Un orgullo nacido de la sombra que será el verdadero motor de su valentía.
Hoy quería hablar de héroes. De las fases de los héroes. De cómo un simple personaje tiene que convertirse primero en héroe a los ojos de su escritor para poder hacerlo a los ojos de los lectores. Sin embargo, es un proceso largo y duro, áspero, solitario.
Hasta entonces, Emma permanecerá en mi cabeza (y en mi portátil), aguardando el momento de emerger, ante los ojos del mundo, como el Héroe que, en realidad, todos llevamos dentro.
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